Fuerteventura (II)

Posted in 2010, Fuerteventura 2010 on 26 marzo, 2011 by jaimeig

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Después de todo lo que hemos “sufrido” en Oriente Medio, lo merecíamos. Unas vacaciones sin agobio de cruzar fronteras, de vacunas, sellos, militares por la calle. Nuestra despedida del verano ha sido muy tranquila: sol, agua y relax. En realidad dudaba si escribir sobre este viaje, porque me parecía aburrido estar aquí para contaros lo bien que hemos comido, lo mucho que he descansado y la cantidad de hojas leídas. De todas formas, creo que merece la pena hablaros de esa isla. Se trataba de mi segunda visita al archipiélago canario y en parte me ha parecido vivir un déjà vu. Fuerteventura… Lanzarote… a veces no hay ninguna diferencia. Existen pueblos que parecen Disneyland, exclusivamente construidos para los turistas. ¿Entonces dónde se esconden los autóctonos? Han dejado sitio a los alemanes y a los ingleses? Detrás de esa fachada artificial, las islas Canarias esconden una naturaleza salvaje y paisajes que no tienen nada que envidiar a las Bahamas.

Septiembre es una excelente época del año para visitar estas islas. La mayoría de los turistas ya se ha marchado y no hay que empujar para meterse al agua. A finales de temporada sólo quedan unos cuantos gordos con la nariz roja. Después de tanto criticar al turismo en masa tengo que hacer una confesión: nosotros también estuvimos alojados en uno de estos pueblos artificiales. A pesar de todo, es la opción más económica, cerca del aeropuerto y una buena base para explorar la isla.

Vamos a repasar lo estrictamente necesario para visitar Fuerteventura: toalla, chanclas, crema solar y gafas de sol. Punto. Alguno entre vosotros protestará: ¿y el bañador? Pues eso ya no pertenece al equipamiento esencial. En muchas playas es normal bañarse en pelotas y los más tímidos siempre encontrarán algún rincón solitario.

Al bajar del avión pudimos comprobar, con mucho gusto, que la lluvia de Madrid se había quedado atrás. A los dos minutos, ya lo habíamos olvidado por completo. Recogimos el coche alquilado y nos dirigimos a nuestro pueblo-juguete: Caleta del Fuste. Lo curioso es que, cuando compré la guía de Canarias, apunté a lado del párrafo dedicado a esta ciudad: NO, así de grande.

Por la noche decidimos no alejarnos demasiado para cenar, así que acabamos en un restaurante al lado del puerto que en realidad no era para tanto. Por supuesto, pedimos papas arrugadas, marisco con mojo, sangría y licor de plátano. El menú del guiri perfecto.

El sábado empezó sin prisa: desayuno en el pequeño jardín delante de nuestro piso, en compañía de un gato lugareño y a tostarnos al sol de la piscina. A la hora de comer nos desplazamos a Pozo Negro, a pocos kilómetros al sur de Caleta del Fuste. Espero que el dependiente de la compañía donde alquilamos el coche no lea nuestro blog, porque estoy a punto de escribir que hicimos algo prohibido: coger una carretera sin asfalto para explorar rincones y caletas más escondidas. A pesar del terror de quedarnos tirados en el medio de la nada, llegamos a nuestro destino, un poco mareados, pero el coche estaba a salvo. Comer pescado fresco a la orilla del mar en un simple restaurante, no tiene precio. Ya sólo por eso merecía la pena haber realizado el viaje.

Por la tarde pasamos por los pueblos de Giniginamar, Taralejo y Costa Calma (esta vez por carreteras normales!), en dirección sur. A pesar de la presencia de algunas nubes, hacía calor y nos pudimos bañar en la infinita playa de Sotovento de Jandía. Esta zona es muy apreciada por los surfistas que disfrutan de las ondas del océano y de las dunas de arena blanca, así como por los naturistas, que se pasean tranquilamente desnudos (espero que con una buena capa de crema solar factor 20 por lo menos).

Para cenar decidimos ir a la ciudad más grande de Fuerteventura: Puerto del Rosario. Aunque era fin de semana, no parecía ser muy animada, así que comimos algo y volvimos a nuestro amado licor de plátano que nos esperaba en casa.

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Fuerteventura (I)

Posted in 2010, Fuerteventura 2010 on 26 marzo, 2011 by jaimeig

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Localización

Archipiélago: Islas Canarias

Órgano de gobierno: Cabildo de Fuerteventura

Coordenadas: 28°25′57″N 14°0′11″O / 28.4325, -14.00306

Superficie: 1.659,74 km²

Punto más alto: 812,4 m (Pico de la Zarza).

Demografía

Capital: Puerto del Rosario

Población: 103.167 habitantes (2009)

Densidad: 62,16 hab./km²

Gentilicio: Majorero/a

Otros datos

Presidente del Cabildo: Mario Cabrera González (CC)

Líbano y Siria (V)

Posted in 2010, Líbano y Siria 2010 on 17 octubre, 2010 by jaimeig

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Sin persianas, cortinas, ni prácticamente techo o intimidad, nos levantamos pronto al día siguiente. Desayunamos sin prisa, pero en poco tiempo estábamos con paso hacia el zoco Suq Al-Hamidyya, uno de los mayores y mejor organizados de todo Oriente. Está distribuido en barrios, en los cuales, se llevan a cabo unas profesiones u otras. Por ejemplo, se puede andar por el de la madera, el de las telas, el de las especias o el de los perfumes y el oro. Y así, entre tienda y tienda de repente se llega a la Mezquita Omeya. Es uno de los lugares más importantes del Islam, y alberga también el mausoleo de Saladino, célebre héroe de esta religión, y, según dicen, los restos de San Juan Bautista. En cualquier caso es un lugar majestuoso e impresionante, y puede ser visitado por los no musulmanes. En el interior, de todo, desde turistas a gente rezando, o incluso alguna persona durmiendo entre grandes ronquidos.

Después, otra vez de vuelta al zoco. Lo mejor, si no se tiene prisa, es simplemente deambular por las callejuelas, mirar a la gente, comprar algo, mezclarse con los damascenos o las antiguas casas damasquinas, encajadas entre las estrechas calles. Al sur del zoco se encuentra la calle Recta, que lo limita, y que si se sigue hacia el este, se llega al barrio ortodoxo, claramente diferente. Y para comer, las posibilidades son infinitas, desde locales más caros y refinados, a puestos de comida rápida de calidad. Lo más económico en relación calidad/precio es salir de la ciudad vieja, y optar por uno de los nuevos restaurantes de la parte nueva, que ofrecen comida local a precios más que asequibles. Pero también son muy interesantes los bares donde por la noche acuden cuentacuentos o artistas de la ciudad.

Por la tarde optamos por un recorrido alejado de lo tradicional, y anduvimos hasta llegar al barrio de Salihiyya, situado al comienzo de las laderas de las montañas que se encuentran al norte de la capital. Es un barrio humilde, pero, en el que sin darte cuenta, pasas por cantidad de construcciones antiguas, que por necesidades de la gente, han sido habitadas o dedicadas a otros fines de la comunidad.

A la hora de cena, llegaron los problemas. Fuimos a un local de aparente lujo pero de precios ajustado, y comimos una sopa ligera y ensalada. Pero al volver al hostal me empecé a encontrar mal. Parecía que esta vez me tocaba a mi la infección intestinal, por lo que pasé una noche horrible entre el baño, la cama y la fiebre. El día siguiente fue similar, y desgraciadamente lo perdimos en la habitación, intentando recuperarme, ya que era la última noche y había que regresar a Madrid, lo que significaba un día entero de viaje y largas horas de espera. Sin fuerzas pero algo mejorado, salimos del hostal pasado el mediodía. Llegamos a la estación de autobuses y nos montamos en un destartalado autobús urbano reconvertido en autobús de rutas largas. Damasco dista de Beirut poco más de cien kilómetros, pero el trayecto son casi 5 horas, de las cuales, la mitad se pasan en la frontera, haciendo tortuosas colas simplemente para sellar un pasaporte, incluso con el visado desde hace semanas. Pero cruzamos, y aún nos quedaba más de una hora por la carretera más peligrosa de Líbano. En ese trayecto, vimos de hecho varios accidentes. Totalmente lógico, porque la forma de conducir de los libaneses es brutal. Todo lo que no desemboque en un accidente es correcto, ya sea ir por sentido contrario, realizar los giros por donde no se deben o adelantar sin visibilidad y sin espacio. Pero llegamos a Beirut, y aunque faltaban horas para que saliera el avión, queríamos llegar al aeropuerto. Cogimos un minibus dirección al sur, después de haber hablado con el conductor que íbamos al aeropuerto. Este hombre no tenía escrúpulo alguno, y después de ir en dirección contraria por la vía de servicio de la autopista, dar la vuelta donde le venía bien sin importarle nada, nos dejó en mitad de la carretera, alegando que el aeropuerto no estaba lejos. No teníamos ganas de discutir, y sin saber por qué, nos vimos andando por el arcén hacia quién sabe donde. Lo mejor era coger un taxi que nos llevara hasta el aeropuerto, así que eso hicimos. Y una vez allí, horas de espera, primero en la terminal y después en Riga.

Pero llegamos, por fin llegamos. Y por primera vez, teníamos ganas de volver, de que se acabara el viaje. Y también la sensación de que las cosas no habían ido como habíamos planeado. Pero no siempre todo sale tan bien como se espera, y seguro que el próximo destino sería mucho mejor.

Líbano y Siria (IV)

Posted in 2010, Líbano y Siria 2010 on 17 octubre, 2010 by jaimeig

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Dos días más tardes, con Tiziana aún más que convaleciente, y sobreviviendo a base de plátanos e insípidas tortitas de arroz, pudimos salir hacia Siria. Descartado el viaje hasta Alepo, al norte de país sirio, decidimos ser más conservadores e ir a Homs, situada en el centro del país árabe. Para ello optamos por un taxi compartido, un viejo Mercedes compartido con un matrimonio poco hablador. Faltaba una persona más, pero después de esperar un tiempo, decidimos pagar entre los cuatro ocupantes el precio del quinto billete y salir. Aquí nos pasó algo extraño con el cambio. Aún hoy, me siento engañado, pero en ese momento parecía que todo el mundo tenía claro que los equivocados éramos nosotros. Bueno, al llegar a la frontera entre Siria y Líbano todos esos pensamientos se esfumaron. Cruzar la frontera requiere, por obvio que parezca, salir de Líbano y entrar en Siria, y cada uno de estos dos pasos es una auténtica tortura. Los funcionarios de los dos países no tienen prisa, nunca la han tenido. Teclean despacio, fuman, hablan entre ellos… y te preguntan qué haces, dónde vas, cuánto tiempo estarás. Pero cruzamos, y por fin, estábamos en Siria. Un país con un 90% de musulmanes, perceptible según la zona en la que te encuentras. Curiosamente en la frontera no registraron nuestro equipaje, pero si lo hicieron dos hombres en un cruce en mitad de la nada. No inspiraban nada de confianza, pero tenían unos fusiles colgados que servían de intimidación. Evidentemente continuamos sin problemas.

Y un rato después llegamos a Homs. El hostal al que queríamos ir estaba en pleno centro. En principio no debía ser malo, pero era mucho peor de lo que habíamos siquiera imaginado. Mejor no describir el baño o las sábanas, y hablar más de la ciudad. Homs es una ciudad con cientos y cientos de siglos de historia. Situada en el centro de Siria, la ciudad cambio de manos en innumerables ocasiones a base de guerras y conquistas. Destruida por terremotos y asolada por sitios, hambre y penurias, se conserva decadente, sin muchos puntos de interés. Paseamos por el centro, vimos la mezquita de Khalid ibn-al Walid, el zoco y deambulamos en busca de un local que vendiera algo suave para poder recuperarse de una diarrea. No lo encontramos, así que volvimos al zoco a comprar una sábana (no podíamos dormir directamente en la cama), y esperamos al día siguiente.

Teníamos previsto hacer una rápida excursión al día siguiente al Crac de los Caballeros. Es un imponente castillo muy bien conservado, y está entre la ruta que unía Trípoli y Homs, en el comienzo del desierto sirio. Fue un punto clave en época de las Cruzadas, resistiendo numerosos ataques y siendo la sede de la Orden de Malta. La visita puede durar horas si se pretende ver todos los puntos de interés tanto del castillo como de los muros que la rodean. Pero nosotros no podíamos emplear tanto tiempo, porque según habíamos entendido, los medios de transporte ese día iban a escasear por la tarde, pues había llegado la fiesta de fin del Ramadán, el Aid al Fitr. Así que recorrimos con prisa el interior y el exterior, porque teníamos que encontrar algún medio de transporte de vuelta a Homs y poder coger el tren por la tarde. Justamente había un minibus, así que montamos y estuvimos esperando para que se llenara. Como no fue el caso, regateamos y fijamos el precio para que saliera solo con nosotros. El conductor era un hombre muy amable, que vivía en el pueblo ladera abajo del castillo. No enseñó fotos de su familia, de sus viajes, lo cual le encantaba, y nos contó que había estado trabajando en varios países árabes. Era albañil, pero como el mes del Ramadán le debilitaba mucho, aprovechaba para trabajar de conductor. Entre difíciles conversaciones en árabe, llegamos a Homs otra vez, recogimos la mochila, y salimos hacia la estación de trenes, pues esa misma noche íbamos a llegar, por fin, a Damasco, el último y deseado destino de nuestro viaje.

Y llegamos bien entrada la noche, pues el tren iba con mucho retraso y paraba en numerosas estaciones. Por cierto, es muy destacable el buen estado de la red ferroviaria. Pero eran las 11, y no teníamos nada reservado en la capital siria. Para coger un taxi hacia el centro tuvimos que desechar algunos aprovechados, y finalmente montamos en un pequeño taxi conducido por un joven sirio que marchaba mucho más rápido de lo imaginable entre varios carriles llenos de coches. No sé si alguna vez había visto a alguien conducir tan apresurado pero a la vez tan seguro. El caso es que llegamos a un hostal recomendado por la guía de viajes, pero lamentablemente no había habitaciones. Nos ofrecieron dormir en la azotea semicubierta, y dadas las horas de la noche, y el bajo precio, aceptamos, teniendo en cuenta que a la vez podíamos reservar una habitación para las dos noches siguientes. Después, tras varios días sin poder hacerlo, cenamos en un restaurante. Y cosas típicas además! Descubrimos que allí el taboulé casi no lleva sémola, y probamos varios platos árabes. Eso sí, nos situaron en la zona de familias, pues una mujer occidental no vestida decorosamente (al menos a sus ojos) no podía sentarse en la entrada!

Líbano y Siria (III)

Posted in 2010, Líbano y Siria 2010 on 17 octubre, 2010 by jaimeig

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El tercer día (bueno, el cuarto si contamos con el primer día de viaje!) dejamos atrás la capital, de rumbo hacia Byblos. Los nebulosos recuerdos de la escuela me llevaban a imaginar una potente ciudad comercial, pero en realidad no era nada más que un pueblo con un pequeño puerto, donde hoy sólo quedan restaurantes y gatos que se pasean entre las ruinas. Antes de seguir con la narración, tengo que aclarar que en Líbano no existe una red ferroviaria, todos tienen coche (posiblemente un Mercedes o un BMW) y a nadie le interesa un eficiente sistema de medios de transporte públicos. Por suerte, las distancias entre una ciudad y la otra eran muy cortas y para desplazarnos podíamos contar con los taxi colectivos y las furgonetas (minibus). Sobra decir que no tenían aire acondicionado y que viajaban con el máximo número posible de pasajeros, con lo cual la temperatura interior era asfixiante. Bueno, a lo que iba… En Byblos el minibus nos dejó en la autopista y tuvimos que coger un taxi para cruzarla y llegar al muelle. Dimos una vuelta rápida, ya que las mochilas y el calor no suelen ser buenos aliados del turismo y decidimos seguir adelante. A lo largo del camino de vuelta un tío a quien había pedido una información, se ofreció para llevarnos en coche hasta la parada y preguntar al chófer el destino de la furgoneta. En línea con el famoso sentido de la hospitalidad árabe, nos dio algunos consejos y nos dejó su número de teléfono, “por si las moscas…”.

Por suerte no tuvimos necesidad de llamarle pidiendo ayuda y llegamos sin problemas a Trípoli. En esa ciudad (Tarablous en árabe) se respiraba una atmósfera mucho más islámica, se acercaba a la imagen que tenía impresa en mi cabeza de Oriente Medio. Los zocos y las calles estaban abarrotados de gente, vendedores y coches. Se dice que es aquí donde se preparan los pasteles más ricos del país. Según nuestros planes, Trípoli no tenía que haber sido nada más que la base para el descubrimiento de Siria. El plan era coger un minibus al día siguiente e ir a Alepo, en el norte del país limítrofe, pero no fue exactamente así que pasaron las cosas. No sé como y no sé cuando, pero me puse enferma y durante dos días lo único que vimos fueron las paredes de la habitación del hostal. Confiaba tan ciegamente en los anticuerpos que había ido madurando en Egipto, que no pensé en ningún momento contratar un seguro medico. Y claro, cuando no lo tienes es cuando de verdad lo necesitas.

Total: 80 dolares por una visita a urgencias y 20 más en medicamentos.

Líbano y Siria (II)

Posted in 2010, Líbano y Siria 2010 on 17 octubre, 2010 by jaimeig

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Líbano no es el país de la libertad, sino del libertinaje”. No hay frase mejor que pueda expresar la verdadera esencia del Líbano. Un país complejo de entender. La homosexualidad es ilegal, pero no faltan locales abiertamente gays. Hace sólo cuatro años vivía una cruel guerra civil y ahora está repleta de megadiscotecas y tiendas de lujo. Entre una guerra y un misil en la frontera, los libaneses quieren pasarlo bien, beber buen vino, bailar y gastarse dinero.

Vamos a empezar desde el principio. Llegamos a Beirut después de un viaje extenuante de doce horas, con escala en Riga (una de las diez capitales más frías del mundo!). Logramos alcanzar el hostal por pura suerte. Habíamos pedido que vinieran a recogernos, pero en el aeropuerto había un hombre con un cartel en las manos, donde se leía el nombre del hostal y el de un tal “Robert”. Pensábamos que se había equivocado y nos montamos al coche, pero cuando llegamos al hostal, el gerente se dio cuenta de haber dejado a un pobre cliente tirado y tuvo que correr de vuelta al aeropuerto para recogerlo.

Beirut es la capital de los bancos y de los viejos BMW. El centro está totalmente reconstruido y eso le confiere un aire artificial genuino. En un día se puede patear de arriba a abajo, con alguna pequeña pausa para disfrutar de un pegajoso pastelito de pistachos y agua de rosa o un perfumado felafel. Atravesamos como pudimos los barrios de Ras Beirut, Hamra, Rue Bliss y la zona de marcha de moda Gemmayizeh. Intentamos también ver los vestigios de la Línea verde, pero ya no existe nada, ni siquiera está señalizada. Andar por Beirut se convierte en toda una aventura, en primer lugar por las normas de conducta salvaje de los automovilistas y luego, si sobrevives, tienes que buscarte la vida entre las calles sin nombres. Como si no fuera suficiente todo eso para producir una sensación abrumadora en el visitante, hay que tener en cuenta la mezcla de religiones de la población libanesa, de idiomas (todos hablan inglés, francés y árabe) y de monedas (por ejemplo, pagas en libras libanesas y te devuelven dólares!).

El segundo día fuimos de excursión con una pareja peruana que estaba recorriendo Oriente Medio y un hombre del personal del hostal, que hablaba castellano por haber trabajado varios años en España. Pasando entre los plataneros que costean la soleada autopista, nos iba indicando donde habían matado a quien durante la guerra, donde se escondían los guerrilleros de Hamás, donde quedaba su casa, la que destruyeron. Él tuvo que coger el fusil con trece años, tras el asesinato de su primo. En cualquier rincón del país pueden escucharse historias parecidas a la suya.

Con esa alegre compañía y mordisqueando pepinos, visitamos la gruta de Kfarhim, el palacio de Beiteddine y el castillo de Moussa, un soñador que construyó su propio palacio por amor. Después de parar en el pueblecito de Deir Al Qamar (“El monasterio de la luna”), fuimos a comer shawarma (y para mi felafel, como siempre…) en un pueblo de mayoría drusa. Por la tarde nos dirigimos a la reserva de cedros del Chouf, a los viñedos de Kefraya, a las ruinas de Aanjar y luego de vuelta a Beirut por la carretera más peligrosa del país. Después de mi estancia en Egipto, pensaba haberlo visto todo… pero hay que admitir que los libaneses me sorprendieron por su insensatez a la hora de conducir. Entre tanto jaleo, tengo que destacar un aspecto armonioso y sublime de la cultura libanesa: la comida! Los felafel son tan… redondos! Y los shawarmas de pollo son tan ricos como los de cordero (o así dicen los carnívoros!). El pan está pensado para ser mojado en el humus (crema de garbanzos) o en el baba ganoush (puré de berenjena). No hay que olvidar las hojas de parra rellenas de arroz, la mulukkhía (un tipo de verdura que no existe en Europa, que suele servirse con una sopa de pollo), el fattoush (una mezcla de pan, yogur, piñones y garbanzos), el taboulé acompañado de perejil y lima o la versión nacional de la pizza, el maneesh, mejor con zatar (sésamo y timo). Para finalizar la comida es casi una obligación tomar un espeso café turco y luego leer el futuro en los posos. Los pasteles árabes son tan exquisitos como hipercaloricos y pringosos. Sus ingredientes principales son los frutos secos, el agua de rosa, la clara de huevo y sobretodo kilos sobre kilos de miel.

Líbano y Siria (I)

Posted in 2010, Líbano y Siria 2010 on 17 octubre, 2010 by jaimeig

Líbano    لبنان

Nombre oficial: República Libanesa

Superficie: 10.452 km²

Población: 4,4 millones hab.

Capital: Beirut (1.500.000 hab.)

Nacionalidades y etnias: 95% árabes, 4% armenios, 1% otros

Idioma: árabe, francés (oficiales), inglés, armenio

Religión: 60% musulmanes, 30% cristianos, judíos

Régimen político:república parlamentaria

Jefe de Estado: Emile Lahoud

Primer Ministro: Fouad Siniora

PIB: 15.8 billones de dólares

PIB per cápita: 4,078 dólares

Crecimiento anual: 3%

Inflación: 3,5%

Principales recursos económicos: agricultura, banca, construcción y turismo

Visados: los viajeros de cualquier nacionalidad precisarán visado para entrar en Líbano. A los oriundos de Estados Unidos, España, Argentina, Costa Rica, Chile, México, Panamá, Perú y Venezuela se les facilita un visado a su llegada de tres meses de duración. Se niega la entrada a aquellos que cuenten con visado para Israel, haya sido o no utilizado, e incluso si está caducado, o a quienes posean en su pasaporte cualquier sello de este país.

Condiciones sanitarias: es aconsejable vacunarse contra la poliomielitis, el tétanos y la fiebre tifoidea.

Hora local: GMT+2; GMT+3, en verano

Electricidad: 220 V, 50 Hz

Pesos y medidas: sistema métrico

 

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Siria   سوريا

Nombre oficial: República Árabe Siria

Superficie: 185.180 km²

Población: 16.728.808 millones hab.

Capital: Damasco (6.000.000 hab.)

Nacionalidades y etnias: 90,3% árabes, 9,7% kurdos, armenios y otros

Idioma: árabe (oficial), kurdo, armenio, turco, inglés

Religión: 74% musulmanes sunníes, 16% alawíes, drusos y otras facciones musulmanas, 10% cristianos, 10% judíos (reducidas comunidades en Damasco, al-Quamisliyya y Alepo)

Régimen político: república presidencialista autoritaria

Presidente: Bashar al-Assad

Primer ministro: Naji al-Itri

PIB: 41,7 billones de dólares

PIB per cápita: 993 dólares

Crecimiento anual: 2%

Inflación: 1,5%

Visados: todos los extranjeros necesitan visado, que pueden obtener en los consulados y, en ciertos casos, en el momento de la llegada. Si un pasaporte muestra indicios de haber realizado alguna visita a Israel, no se permitirá a su propietario la entrada al país. Los visados para turistas tienen una vigencia de 15 días y se renuevan por un período máximo de un mes. Cabe la posibilidad de solicitar prórrogas.

Condiciones sanitarias: Conviene vacunarse contra la poliomielitis, el tétano, la fiebre tifoidea y las hepatitis A y B.

Hora local: GMT+2; GMT+3, en verano

Electricidad: 220 V, 50 Hz

Pesos y medidas: sistema métrico sirio